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Saint Kendal

julio 6, 2007

Kendal caminaba de un lado a otro en su cuartel. Sus brazos cruzados tras su espalda, con la mirada fija en el suelo y una expresión de ansiedad y tormento como nunca se había visto en el experimentado general.
Su unidad de paladines se encontraba peor. El ambiente era de completa tensión desde la partida de su estación a mitad de la noche.
Habían salido como sombras, se habían desplazado como delincuentes y ahora sólo esperaban la mayor bendición para cometer el acto de condena perpetua.
Galia, el gran imperio del sur, buscaba expandir sus dominios en todas direcciónes y el patriarcado eclesiástico, Ecclesia, llamaba a una guerra santa en contra de los herejes. Sólo dos reinos podrían hacerle frente al poderoso imperio Galian; y el débil y recien reformado reino de Spallarda no podía hacer más que proteger sus costas. La esperanza patriarcal residía en Albioneiden, reino del norte devoto de la fé Ecclesian pero con una nobilidad indispuesta para la guerra.
Sir Kendal de Reichdorf, héroe de las invasiones nórdicas, general consumado de la nobleza Albioneidian y lider de la Sagrada Guardia Ecclesian, esperaba ahora la llegada del heraldo con el permiso y bendición del patriarca para llevar a cabo la misión que daría comienzo a la verdadera defensa de la fé y el estado patriarcal.
Las sombras entraron al anochecer en Vigloslovak, pequeña y olvidada ciudad situada como puente entre las fronteras Albioneidian y Galian. Los soldados se movieron mecánicamente, intentando futilmente desprenderse de sus acciones.
Los primeros gritos no tardaron en escucharse y comenzar la locura.

-Why?! Why are the patriarc’s men attacking!?
-We surrender! For God’s sake, what are you doing!?
-Stop! Stop! That’s a hospital!!

Sir Kendal comandaba la operación desde el mismo “campo de batalla”, hablando con sus fieles soldados y tratando de creer sus propias palabras mientras asesinaba a aquellos aldeanos.

“No exceptions. No clemency for women, nor children… nor the old, nor the infirm… Put your personal feelings aside… Keep in mind the danger to all the innocent people of our land… Think only on the glory of heaven”

La miserable guardia de la ciudad cayó primero. El mismo Sir Kendal había reasignado a la mayoría de soldados a otro puesto, pero ningún esfuerzo se hizo por salvar unos cuantos civiles. La matanza debía ser innegable, las calles debían ser cubiertas por cuerpos mutilados, el río debía teñirse de sangre inocente… Tal era la santa voluntad del patriarca.
Una unidad de arqueros prendía fuego a los hogares desde el otro extremo de la ciudad, cercando las posibles salidas y atrapando a la población entre el fuego y el acero. Kendal no titubeó un sólo instante. Avanzó entre familias y cadaveres por igual.

-S… stop, please…
“Protect me from all evil thoughts…”

-Mercy, please!… no!
“So that I may bear agony without pain…”
-We surrender! We…
“Comforted by your love and compassion…”

-Please…  P-please, let me live…
“To serve you in peace and purity…”
-You mean to kill us all, Ecclesian bastards!?
-Is this massacre in the name of your God!?
“…God bless you…”

Uno de los soldados de Kendal cayó de rodillas frente a él, justo después de atravezar el pecho de una mujer con su espada. Kendal se acercó fríamente y lo levantó tomándolo de un brazo mientras éste le susurraba lastimosamente a su general.

-I can’t do this… Sir Kendal, I can’t go on… what good is peace if we earn it this way?
“What’s your name, soldier?”

-Joust, sir… Cornell Joust from the paladins of Blackhampton
“Are you married?”
-Yes, sir, with two… two daughters

El joven Joust no pudo contener sus lagrimas que cayeron uniendose a la sangre del cadaver de una niña que yacía a su paso. Kendal lo asió fuertemente y lo obligó a levantar la mirada.

“So tell me… how many people, you think, will die like this? How many will die at the hands of the savage Galians if we don’t accomplish this holy mission?… you will be a hero, Joust, we are saving the world…”
-I don’t care, milord…
“Then think of your wife and daughters!… Don’t do something that can put them in danger… Save them from these horrors”

Los restos de la población, en su mayoría jóvenes y aquellos que pudieron huír del feroz avance, se atrincheraron dentro del palacio del regente usando las pocas armas que tenían a su disposición, pero nada pudo contener la determinación de los devotos paladines.

-You call yourselves human!? burning women and children!?… You’re not human! you’re not human!
“Your noble sacrifice will preserve the people of this continent… you all have my thanks and benidiction”

-Go to hell, you monster!

La resistencia terminó y el último inocente cayó a la par que los cálidos rayos del amanecer. Ningúno de los soldados dijo nada y el terrible silencio del alba era sólo interrumpido por algún sollozo ahogado entre las filas de paladines que abandonaban la ciudad.
Kendal miraba las calles tapizadas de rojo y cuerpos destrozados con un semblante firme en el rostro. Su primer oficial, Sir Harold, caminaba junto a él, pero a diferencia del general, Harold miraba al cielo con una expresión de paz y quietud, casi satsifacción.

“You know something, Sir Harold?… Not even Galians kill women and children… I fear I’m darkening my soul beyond redemption…”
-Do not speak like that, Sir Kendal. We were obeying the patriarch’s will… The Lord will have mercy of the souls of those who have died this day. He knows the nobility of their sacrifice… They were martyrs. Martyrs for the greater good.
“…Then this is already the war with more martyrs in our history… “

Los mercenarios galians arrivaron a la hora pactada. Sir Harold les pagó con fria indiferencia y comenzaron su trabajo. Saquearían la ciudad y distribuirían su botín en las ciudades próximas, difundiendo la noticia de una incursión del sur y alarmando a los principados.
Kendal reunió a sus hombres y regresó a su campamento, donde despachó al heraldo con la noticia “La voluntad del patriarca ha sido ejecutada”

“I know today’s mission must have been painfull for you all… Do not forget this pain! This pain exists only because of the Galian’s heretic desires!… We shall fight until the last of the pagans is killed to assure the people of Vigloslovak did not died in vain…”

La masacre quedaba atrás y Sir Kendal marchaba ahora hacia la capital del reino para esperar las noticias de la primera incursión Galian y la declaración de guerra de los nobles Albioneidians. La fuerza de la fé sería bien manejada por los heraldos, moviendo al pueblo a luchar para evitar otra matanza, para combatir por su propia seguridad más que por la santidad de un reino lejano.
Albioneiden ganaría la guerra y Ecclesia se aseguraría de tener de ahora en adelante a reyes Galian bajo la luz divina; nunca más un hereje tendría el poder suficiente para amenazar el sagrado patriarcado. Sir Kendal sería hecho santo por su pueblo y muchos más. Su historia como lider de la santa cruzada sería recordada en los siglos por venir y su firme aplomo en la fé Ecclessian sería el máximo ejemplo para las siguientes generaciones de santos paladines.
De aquella masacre que comenzó la guerra nadie sabría la historia. De aquellos soldados sólo uno no sobrevivió para limpiar su conciencia. El cuerpo aún armado de un joven oficial de Blackhampton era encontrado colgado de la rama de un viejo roble y una carta yacía en el interior de su yelmo. Su esposa e hijas jamás recibieron la carta; sólo un heraldo con el mensaje “Un heroe más ha caído. Salve Ecclesia”

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3 comentarios

  1. xD Maese de Maeses indeed, un ejemplo a seguir para un joven escritor como yo merolas


  2. De poca mother we, as espected xD y quite inspirador


  3. Andele *-* así me gustan las matanzas,cuando le pone segunda parte?



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